Mi perspectiva de este trabajo es enfocarlo desde la necesidad de comprender que la educación ha cambiado, se ha transformado y muchos de nosotros, en especial la iglesia, en sus comunidades religiosas educativas y la pastoral, no se ha dado ni cuenta, les ha pasado el tiempo y no han llegado a reconocer que es necesario un replanteamiento del carisma, del modelo educativo y de las prácticas educativas que se realizan dentro y fuera de las aulas.

Segundo, es importante comprender que el sistema es adultocéntrico y con una gran tendencia a sostener el sistema social, en muchos casos inequitativo, injusto, insolidario y con tendencias explosivas al individualismo, a la exclusión y a la competencia. Los cambios profundos en las generaciones, con una cosmovisión no amplia ni profunda, sino más bien virtual, hacen que las concepciones de la vida y de la existencia entre adultos (docentes) y estudiantes (nativos virtuales) sean relaciones distantes, sin significados profundos y con la tendencia a la anulación de las generaciones.

En un tercer punto hay que tratar de comprender la hegemonía que ya no se produce desde una perspectiva religiosa sino de un Estado que promueve, provoca y ejecuta el programa de estudios, y que por lo tanto retira administrativamente gestiones que hasta la actualidad estaba en manos de los religiosos, de las confederaciones de escuelas católicas que poco a poco deben ir desarrollando nuevos procesos y nuevos aprendizajes pues empiezan a aparecer un nuevo lenguaje con cinco verbos: control, estandarización, evaluación, acreditación y categorización. Donde la educación laica, gratuita y de calidad son los nuevos gestores del proyecto nacional que imprime un buen vivir alejado de toda índole religiosa. Los mismos colegios que antes podían poner tranquilamente en sus pensum de estudios Religión, Educación en la fe. Hoy deben cambiar el nombre por formación en Valores, ética y sociedad y otros nombres que permitan seguir dando la clase de religión, y supuestamente evangelizar.

El problema no es evangelizar en este momento si no cómo hacerlo y en que estilo. Una iglesia en América Latina ligada a generar conciencia social se encuentra en este momento, en especial en Ecuador con que sus presupuestos, inclusos sus principios del Pensamiento Social como la subsidiariedad, la participación, la solidaridad, la dignidad, están totalmente presentes en la Constitución (Constitución, 2008) pero que ya no son las comunidades religiosas las abanderadas para el reclamo sino que como todos los miembros de la sociedad deben empezar a cumplirlos y en especial a ser supervisados de que esto se cumpla.

Hablar de la Pastoral en la Escuela en este ambiente social, son para la Iglesia y en especial las comunidades religiosas una situación compleja y determinante. Tres preocupaciones grosso modo:

Primer nivel de preocupación. ¿El Carisma que tanto defendemos y cuidamos dice algo a los hombres y mujeres de hoy en especial a los jóvenes?

Leyendo un poco acerca de los Ortodoxos griegos luego de ver al Papa Francisco en su vista al Santuario religioso del Santo Sepulcro. Me llamó la atención uno de las cosas por las cuales existe un distanciamiento y es que ellos no permiten que se den “separaciones internas” o se funden órdenes religiosas, congregaciones, asociaciones, o diferentes grupos, pues muchas veces se defiende más el carisma, y se sobrepone sobre Cristo al fundador de la comunidad (Iglesia Ortodoxa Griega , 2014). SI bien es cierto para la Iglesia Católica estos son frutos del espíritu no está por demás darse cuenta de que esto ha sucedido y sucede en el campo de acción.

Esto lamentablemente baja a la escuela, las identificaciones, las competencias, todo aquello que alguna vez hicimos en los colegios y escuelas para ser identitario de un carisma fue el hecho de “sentirse superior” por el estatus del colegio religioso. Ejemplo de ellos la diferencia entre Cristobalino y Lasallano, que ha tenido por años en la ciudad de Guayaquil donde actualmente vivo.

Es doloroso pensar que la tradicionalidad de un colegio, la “clave pastoral” de una institución fue el hecho de dividirnos y defender a un fundador antes que la vivencia de Cristo y su propuesta de amor para la humanidad.

Segundo nivel de preocupación: ¿No tenemos miembros activos jóvenes, que va a pasar con las obras monumentales, los colegios centenarios, los modelos educativos, cómo vamos a sostener a nuestros formandos, ancianos y obras de asistencia social?

Seamos sinceros las comunidades religiosas educativas buscan a través de la Pastoral Juvenil un proceso vocacional y son celosos de que los jóvenes participen en experiencias de Iglesia porque tal vez “otro carisma” les resulte más llamativo. Hace poco participe en la reunión de La Pastoral Juvenil del Ecuador realizada en Galápagos 2013 y uno de los interesantes puntos de vista que se rescataban era el hecho de que los movimientos juveniles nacionales hayan participado con gran entusiasmo de la propuesta a nivel nacional de la Pastoral juvenil.

Sin embargo las identificaciones siguen tan presentes en los movimientos juveniles nacionales, en las comunidades religiosas, en cada colegio, en cada grupo de pastoral juvenil, que hacen una situación de procesos cerrados. Cada uno con un programa de formación distinto y que por otro lado busca a toda costa autofinanciarse, pues los presupuestos para la pastoral juvenil y la formación de líderes juveniles es un proceso de gestión y de políticas institucionales y lamentablemente en la situación en la que se encuentran las comunidades religiosas hay que cuidar el patrimonio. Por este motivo los jóvenes se encuentra vendiendo sanduches y otros productos alternos al finalizar las Eucaristías dominicales para poder asistir a un campamento, realizar una labor social, o participar en la Jornada Mundial de la Juventud, por eso lamentablemente los grupos y movimientos juveniles se han convertido en “agencias de viajes” para poder disfrutar de los grandes encuentros y trabajan durante dos años en conseguir el dinero para el traslado convirtiendo  a la Pastoral en un activismo sin ninguna propuesta concreta.

Además la Escuela no es el lugar más adecuado en la actualidad para ser feliz, sino para “aburrirse”, lamentablemente no comprendemos desde lo gubernamental y desde las mismas comunidades que aprendizaje no es lo mismo que escuela, pero nos aferramos a la misma manera de educar, pensando que incluso evangelizamos cuando los estudiantes están en nuestras aulas porque “no les queda otra” y porque el sistema les obliga a tomar las diferentes materias para acreditar su profesionalización futura.

Todo es posible en lo virtual (Bellini, 2012), posiblemente el HTML es más importante hoy que una clase de literatura y terminar su programa (Punset, 2010).

Tercer nivel de preocupación: ¿A dónde vamos, cuál es nuestro futuro como miembros de la Iglesia, como hacemos posible lo que nos pide el Papa Francisco y el evangelio cuando estamos viviendo en el confort y la seguridad que ofrece la vocación?

El futuro en este estado de vida es desesperanzador. Tenemos al gobierno encima, nos supervisan, no nos suben la pensión, nos evalúan y nos quitan a los docentes porque en el Estado pagan mejores sueldos, los chicos ya no van a misa sino es por obligación, ni los mismos padres de familia quieren asistir a los encuentros de padres de familia, cada vez hay más divorcios, más subjetividad, menos interés por la Escuela y la educación formal.  Menos sacerdotes, menos religiosos, menos consagradas, más laicos comprometidos, más diáconos casados y con compromisos eclesiales, entonces nos damos cuenta que el camino no es errado, es la forma, es la manera, es la falta de visión y de decisión, es la valentía para poder asumir las cosas de manera diferente, es un momento oportuno para poder ver en la crisis la oportunidad para desarrollar estrategias nuevas, viendo el panorama desde el futuro, procurando imaginar cual es la necesidad que vendrá y tener las agallas como Iglesia de dar el salto. Como construir ese nuevo “país de Dios”, mundo de Dios, desde una relación nueva de humanidad, desde una perspectiva de tolerancia, sin tener miedo de decir lo que somos y lo que nos sucede, para poder saber que hacer sin buscar culpables. Las sociedades hacen y generan los cambios, hay que re aprender de las nuevas generaciones para “dejar de dar respuestas” y aprender a ser preguntas que nos abran nuevos caminos y nuevos desafíos. La Pastoral del futuro será de crisis y de investigación.

 

 

 

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