La ética va más allá del comportamiento. Lo bueno y lo malo son categorías que indican un nivel exacto de compromiso. Sin embargo cuando el ser humano descubre su esencia no usa categorías porque se divide, es decir no se condiciona en su manera de ser por un comportamiento determinado, lo hace movido por la trascendencia y el amor, que va más allá de buscar el reconocimiento social de sus actos.

Hemos reflexionado que la ética es una actitud de vida, es el carácter de la persona, que se fortalece en la medida en que las perspectivas acerca de la existencia generan una cosmovisión amplia y fuerte con respecto a determinadas visiones singulares y empobrecidas.

Al generar la propuesta de una ética que genera actitud de vida, vemos que el comportamiento no es un condicionamiento sino que nace de la convicción del ser humano por el desarrollo, el bienestar común, la interrelación con la existencia y el con- vivir como una experiencia de humanismo.

Descubriendo esta perspectiva manejamos temas como la trascendencia, que es salir de sì mismo para ir al encuentro de lo que trasciende la existencia, que no es buscado en cosas externas sino en la propia existencia y en la medida en que se involucra la relación con el entorno, comprendiendo entorno como los demás, el contexto, el ambiente, en sí lo que le rodea y que a la vez habita. No estamos hablando de un desligamiento, sino de un desprendimiento de las ideas que dificultan la inter retro relación, hablamos de un cambio radical en la mente que permita descubrir en lo Otro y en los otros la esencia de la existencia, sin dejar de percibirla en sí mismo.

Esta trascendencia de la misma persona se da por el descubrimiento del amor como entrega inconmensurable, es ver que la fuente no se agota sino que evacua desde su interior todo el desprendimiento posible para mejorar la existencia. Es el amor de Dios que se descubre a través de la humanidad, una humanidad que ama, en la medida en que no se confunde sino que entrega, una entrega al estilo de Cristo. Una entrega de la propia existencia.

Lcdo. Víctor Iza Villacís

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