Encarnado no creado, originado desde el vientre del universo

o desde los miles de universos más que nacen y brotan en la imaginación de la ciencia.

Creado u originado, estás entre el misterio y la certeza, entre la conciencia y la locura,

Creas originalmente la vida, la destruyes, la vuelves a implantar.

No hay siglos nuevos sin ti y a veces la esperanza espera que sin ti. (V. Iza 18/11/2014)

 

 

Este ser místico que puede apreciar la divinidad, la belleza, la ética, lo virtuoso, con esa sensibilidad propia de un ser que ha elevado su conciencia no por su conocimiento simplemente sino por ese vínculo vivencial con Dios, con el cuál Fernando Rielo nos invita a comprender la conciencia.

Este ser es completamente misterioso por un lado es profundamente místico con esa conciencia plena de elevarse hasta Dios y encontrarlo en su genética con esa profundidad en que presenta el Espíritu como la huella de Dios en el hombre, esa huella imborrable, indestructible y potencializadora que puede proyectar al ser humano hacia una vasta capacidad de amar, de ser libre, de profundidad en el conocimiento y sabiduría plena. El éxtasis.

El ser humano siendo un ser en relación ha ido descubriendo en la apertura que estando en si mismo, sale de sí para redescubrir su propia esencia. De la insubsistencia pasa a la sustancia, a lo subsistente que se da a través de la apertura, la relación que no es solo con sus semejantes sino con el Trascendente, esto es lo que Fernando Rielo explica como la concepción genética del principio de relación como una apertura al Absoluto.

Entonces la pregunta ¿qué hace que un ser humano se despersonalice, pierda el norte, el sentido de su vida, su estructura vital, se deprima, se encierre en sí mismo, desvirtué la realidad, use drogas, utilice personas para sus fines egoístas y placenteros?  Ciertamente es una pregunta que vale la pena responderse porque incluso las sociedades conviven día a día con estos problemas humanos, y en especial mi preocupación con respecto a la educación y a la generación de cultura.

La cuestión del ser se sostiene en la metafísica como una tendencia de la filosofía, como lo menciona López, citando a Rielo, “Este metafísico carácter incoativo en los pensadores se debe a la elevación a absoluto de una noción o concepto que les sirva de axioma en orden a dar explicación a la realidad” (Lopez, 2009). La cuestión en este momento de la historia es que no se llega a comprender ese axioma que eleva al hombre, pues por lo que se observa en el mundo parece que el axioma es: “el sin sentido”, por lo tanto considero que vuelve urgente procurar que el ser humano observe en sí mismo ese axioma o mecanismo filosófico que le ayude a desentrañar su más elevado grado “génetico” y así procurar establecer caminos para la paz, la no violencia, la humanización, el proceso de humanización.

A mi forma de ver creo que el sujeto en el pasado buscaba con angustia e interés, incluso desesperación el procurarse a sí mismo una respuesta a su propio interrogante, su esencia, su sentido vital, y aunque hoy el ser humano continua teniendo esa sed, no es una pregunta que le genere angustia o una desesperación o una necesidad de conocer su estado vital, posiblemente esta en segundo plano. Hoy el ser humano lucha por sobrevivir en un mundo que lo invita al consumo, a la apariencia, vive en crisis de manera prolongada, busca la felicidad pero no la encuentra, justamente porque la busca y no la vive; y se olvida de pensarse, observarse, integrase a sí mismo como una experiencia potencializadora.  Argumentado en lo que menciona López en cuanto a los axiomas que se vuelven abstractos y carentes de sentido sintáctico por lo que existe “una absolutización del seudoprincipio de identidad condenando la siguiente proposición: “… este es el primer principio y no otro: “si algo es, algo es”, “… hoc est primum principium et non aliud: si aliquis est, aliquis est” (Lopez, 2009, pág. 3).

Creo que por esta razón Rielo eleva y propone: La elevación a principio de algo es hacer de este algo un “absoluto” en tal grado que dé razón y sentido metafísico de la persona y su universo. Comprendo entonces que el ser humano debe hacer una ruptura con su “propia” identidad limitada y condicionada y por este motivo Rielo propone un plus un + en la identidad del ser humano. “El “ser +” es, sencillamente, un símbolo que indica la ruptura de la identidad “ser es ser” en tal grado que éste se revela constituido en relación genética, no de estructuras, formas, generalidades o abstracciones, sino de singulares seres personales que, en inmanente complementariedad intrínseca, se erigen en único Sujeto Absoluto” (Fundacion, 2014).

En este momento de mi reflexión llega el discurso del Papa Francisco que en este día 25 de noviembre lo hace frente al parlamento Europeo y al presentar su ponencia sobre la persona reflexiona desde dos perspectivas que van muy en comunión con lo que presenta Rielo, en primer lugar habla de la “dignidad” y la “trascendencia” y en especial resalto algo que argumenta este proceso de absolutización de un pseudoprincipio: “…si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencias” (Francisco, 2014)

Me parece oportuno el hecho que la Iglesia se base en una filosofía – metafísica, a más de la teología,  que abarque a la persona desde una realidad de relación con el Absoluto que lo libere de los pseudo principios y de los encadenamientos mentales a los cuales se dirigen las instituciones que alimentan precisamente la despersonalización y que le abra  a la relación correcta frente a sus semejantes sin miedos, sin superficialidades o máscaras sociales, si no con la connaturalidad de saberse hermanos, unos humanos hermanos que se dispongan a saberse y sentirse “sacramentos” (Francisco, 2014) y que se sepan hombres con esperanza en un cielo y una tierra nueva. En Rielo lo de Francisco se fecunda y desde su intenso pensamiento filosófico y metafísico nos ayuda a comprender que esta relación trascendente o con el absoluto genera unas características muy bien definidas, en especial el pensamiento identitario que:

“…tiene necesidad de un referente transcendental que le defina y le convenza de qué estirpe es. Y es el reconocimiento de esta indigencia existencial lo que proporciona al ser humano el inicio de una visión “bien formada”. Esta visio formata puede hacerse con la concepción genética del principio de relación porque halla su poder fundante en ese mismo principio que transmite a la inteligencia aquella lectura genética que la inclina a actuar con las características propias que se dicen del vector: intensidad, dirección y sentido”. (Fundacion, 2014)

 

Entendiendo que este  aspecto genético no es solo biológicista sino que abarca elementos axiológicos, psicológicos y metafísicos, es decir que no solo el hombre es una realidad genética condicionada por lo biológico racional sino también de carácter revelado.  Por lo tanto la persona está abierta a la relación con el Absoluto y al tener esta referencia trascendental puede “formarse” y con características de intensidad – poder, dirección – visión, y sentido – estructura vital.

Concluyendo podemos dar a comprender frente a mi pregunta:

La educación es clave en este proceso de apertura.

El ser humano es un ser en relación por lo tanto a través de procesos educativos relacionables puede ir comprendiendo sus potencialidades.

Lo genético es lo potenciante en el ser humano, porque no es solo un grado biológico sino axiológico, psicológico y trascendente.

La mística, la estética, la belleza, la poesía no es ajena a la filosofía.

La persona es una intimidad constitutiva que busca comprender la totalidad.

El éxtasis es un ser humano en toda su potencia con referencia a la relación y apertura al absoluto, porque pasa de algo que es a algo que Es +.

La experiencia, lo real es lo místico, en la vida, ahí está la sabiduría.

La sabiduría es saber integrar el conocimiento con la vida.

La felicidad no se la busca ni se la encuentra, la felicidad es el resultado de la vivencia plena de las virtudes humanas.

La autenticidad es la garantía moral, da paso a la ejemplaridad.

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