Reflexiones desde Ebner

Leyendo a Ebner y su interesante propuesta filosófica puedo resaltar algunos puntos interesantes:  somos un yo – tú que es apelado por la palabra en un proceso creativo que nos convoca a una respuesta.

Una respuesta debe ser en relación e intensidad, no como situación de poder frente al otro sino como un proceso de intimidad, potencialización y trascendencia.

Somos un yo – tú llamados por la palabra a entrar en relación con otros yo – tú. En este lenguaje dialógico, en este espacio de apelación y llamado, el espíritu provoca una suerte de animación de amor y total realidad.

Sin embargo aquí viene mi primera duda en este proceso de apertura, ya que al mismo tiempo que hay un llamado de la palabra hacia la relación hay también un llamado al silencio, a la individualización, a la sospecha desde las realidades cosificadoras de la existencia que se sostiene en el miedo. Quien tiene miedo se aferra a sus propias realidades que lo paralización y lo someten  al encierro en sí mismo. Es un miedo paralizante que no encuentra en el otro sino sospecha. Este miedo institucionalizado combate al espíritu de la razón y del encuentro que provoca una pérdida de fuerza de la palabra en nosotros y degrada la fraternidad y la comunión.

Ebner me permite visualizar un camino desde las experiencias de la persona que le lleva a desarrollarse para poder entrar en relación. Ebner mismo desde su campo de acción es un ser que hace su reflexión del ser desde esa situación existencial de la posguerra, razón por la cual creo que es importante comprender que este tema de entrar en relación sin importar los hechos cosificadores que dieron origen a las dos guerras mundiales nacen de esa preocupación por el otro y sus situaciones límites. En la actualidad salvo los procesos de guerra del Estado Islámico, no existen procesos que generen una crisis de la persona en la escala de la posguerra, pues el ser humano en su individualización no se pregunta a diario por las situaciones existenciales, por ese motivo no se alcanza un nivel de reflexión de la relación profunda como lo que promueve Ebner. Pues está ensimismado de sus propias preocupaciones.

Sin embargo y frente a esta situación existencial actual hay algunos elementos que provocan un camino de desarrollo hacia esta comunión trascendental con el otro yo – tú para desde la intimidad y el amor provocar una transformación comprensiva del ser.

El primer punto es aprender a descentrarse, es decir tener la capacidad de salir al encuentro consigo mismo, y este encuentro no es posible sin “armamento” (uso la palabra sin darle un aspecto belicista a la situación) el arma de este ser humano es la plena conciencia de la fuerza de su palabra y su posibilidad de apelación.

Segundo liberarse de la soledad y del egoísmo que requiere una actitud de apertura generosa, pero ¿cómo se genera esta actitud? ¿Qué valores debe proveerse el individuo para abandonar la soledad? ¿Qué debe pasar en la persona para pasar de una actitud ensimismada a dar una respuesta a la palabra que lo interpela? He aquí entonces el proceso de encontrarse con la desolación, y a Ebner le sucede con la situación de la posguerra. Al hombre de hoy entonces ¿le toca necesariamente interpelarse frente a una situación de crisis, debe el ser humano enfrentar situaciones de crisis para salir de sí? ¿Hay que provocar a través de la educación, la familia, la sociedad una crisis, una confrontación personal y social? ¿No sucede esa interpelación todos los días a través de los noticieros pero es el hombre el que no quiere confrontarse?

El elemento clave es ver fuera de mí, ver el dolor, el sufrimiento, pero cuando este no hay o hay pero no lo veo como dolor sino como una decisión personal, cuando la pobreza pasa a ser parte del paisaje, el dolor una situación humana más, el cáncer cada vez lo tiene más gente y vive con eso. ¿Qué es el dolor hoy? ¿Qué es la desolación hoy? Sino el quedarse sin señal en el celular o no tener para cambiar el último modelo de la tecnología.

Tercer punto que caracteriza esta reflexión es tratarse a sí mismo como una realidad abierta, dinámica y activa. Y me pregunto con insistencia si esto tiene que ver con el proceso de identidad, porque es verse a sí mismo como una entidad en apertura, una realidad dinámica… Ebner menciona que solo se puede ver la verdad a trav{es de la razón, por lo tanto si nosotros mismos debemos vernos en apertura es necesario la razón “como órgano de la verdad” que es “el oído espiritual del hombre” un “campo abierto a la presencialización de los seres del entorno”. ¿Esta razón en nosotros se revela en la conciencia de sí y de los otros? Si es asi la conciencia es entrar en diálogo pues solo asi en el “entre” en la relación – comunión de la palabra dialogante es como el ser humano puede mirarse a sí mismo como realidad abierta, dinámica y activa y a la vez mira al otro, toma conciencia del otro como esta realidad operante, elocuente. Es el encuentro interpersonal el que le da razón a nuestra razón y que provoca esta “toma de conciencia” de esta realidad que se revela.

Salir al encuentro del otro con una autodeterminación flexible  que provoca una integración con la autodeterminación del otro, que no permite avasallar sino que integra-valoriza, posiciona una relación de “intimidad” comprendida como encuentro trascendente. No llego a comprender totalmente este apartado creo que me es necesario integrar el proceso de intimidad en un lenguaje de fe y de plena confianza, como una apertura generosa en doble via, es decir que no puedo confiar solo yo en el otro sino que confiando en mis posibilidades, siento la confianza del otro plenamente, pero ¿cómo sentir esa confianza? No hablo de sensaciones sino de sentir la presencia del otro en este proceso de relación y no es sino a través del amor.

No es un amor condicionado, me explico, quien ama en palabra dialogante y comunicación trascendente, no lo hace porque sintió amor en su desarrollo, o porque le fue negado el amor entonces busca amara para no sentirse solo o porque necesita amor, sino  porque reconoce que es en el amor – palabra  donde fue creado, asumido y es un Amor que lo envuelve todo, donde está y lo plenifica, por lo tanto sabe que es creatura amada y que frente a ser amor que le habla y se revela, la persona humana también revela y manifiesta ese amor en el cual co- habita y su propia vida se vuelve un acto dialogante comunicativo, pero no es un acto reflejo porque requiere libertad, y una libertad consciente y requiere voluntad, una voluntad de salir de sí con sus dones que no han sido adquiridos o comprados sino que han sido brindados para un acto de co- creación en el mundo. Este acto es Palabra en nosotros, es acción comunicativa, es presencia que activa el mundo y trasciende.

Cuarto punto fuerte es el hecho de abandonar la idea de cosificación de la relación con el otro, dejar de ver al otro como un “medio para” y empezar a verlo como un “medio con el cual”. Y aquí la crítica al sistema que nos impulsa a vernos entre nosotros mismos como un medio para… el estudio, para el amor, para la felicidad, para la producción, para la lucha, para la guerra, para la paz… Habrá que descubrir de manera consciente y colectiva que todos los seres son seres en relación en los cuales se construye la paz, la colectividad, la comunión, la fraternidad. Es un encuentro en medio del cual se construye el Espíritu.

Para desarrollar este punto Ebner provoca una serie de elementos en los cuales a mi parecer sostienen la propuesta e invitan a preguntarse, en especial sobre la conciencia del sentido de la palabra “logos” lo cual no se precisa en el texto de Ebner salvo que la palabra permite darse cuenta de la irreductibilidad originaria de la persona.

Otro punto es el amor que “concede a la palabra su máximo rango” entiendo que la eleva a su máxima expresión a través de la confianza como una apertura total y totalizante… a través de la palabra recta.

Sin quedarse únicamente en descubrir un elemento del amor en la palabra recta Ebner integra la libertad como una exigencia que anima a asumir las diversas significaciones de todo acto de “intuición” integralmente humano, comprendiendo que la intuición es ese apego excesivo a la vertiente sensorial de la imagen y esta manera de ver las cosas en su representación que no es lo real debe liberarse para vencer la dispersión de lo múltiple sensible. En tal caso podría decirse que intuye por usar una palabra en el sentido positivo que en la “intuición sensible” no está lo real y que solo la palabra recta puede permitirnos ver al otro en la medida de lo posible como es o por lo menos más transparente.

En este proceso el hombre posiblemente se desarraiga y pierda contacto con la realidad que es el otro y entonces la palabra en su condición de imagen le traza el camino  como una vía fecunda hacia la realidad del mundo en toda su complejidad y plenitud.

Hay un valor en el lenguaje y la palabra que aporta al hombre una actitud de sobrecogimiento ante lo profundo, primero por verse a sí mismo frente a todo entendimiento sin el poder de dominarlo y luego en el encuentro interpersonal que lo acoge y vuelve a interpelar, como hemos visto, en la palabra que no puede verse sino como un lugar de revelación de algo no dominable por el hombre, he aquí que su uso recto exija una actitud de entrega reverente. Una palabra que apela y una respuesta que significa libertad y necesidad.

Este recogimiento hace que la palabra incluso guarde silencio ante lo inconmensurable ya que el amor y la palabra encuentra el dialogo espiritual y consciente en el que todo lo que diga o haga sino guarda relación con el trascendente es vanal y superfluo. Toda acción dialógica impulsada en la palabra  es la vivencia en el amor que es Dios mismo revelado entre el yo y el tú que entran en relación íntima, profunda o trascendente.  (López)

 

Bibliografía:

Houtart, François. «El concepto de Sumak Kawsay (buen vivir) y su correspondencia con el bien comun de la humanidad.» La Hora 01 de febrero de 2012: 5. http://www.lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1101280766#.VOchnvmG9ek.

López, Alfonso. Cuatro personalistas en busca de sentido (Ebner, Guardini, Marcel, Lain). Madrid: RIALP S.A., 2009. Biblioteca personal.

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