La filosofía personalista de Ebner y Guardini sitúan a la persona en relación y diálogo desde la perspectiva yo- tú y no como un ello aislado y con tendencia al utilitarismo y la cosificación del sujeto. Entrar en relación en yo – tú implica una comunicación que fomenta la capacidad de expresar-se desde la plena conciencia de habitar en la Palabra que lo dimensiona al amor como fundamental para el diálogo y el encuentro.

La persona es y será un fin en sí misma y sin embargo no puede concretarse ese fin sin el otro que lo interpela y lo comunica.

Fridiernan Ebner quien nació en Austria Wiener Neustadt en 1882, reflexiona profundamente en el encuentro dialógico en especial en su obra “La Palabra y las realidades espirituales. Fragmentos pneumatológicos”  “Das Wort und geistigen Realitäten. Pneumatologische Fragments” (1918/19) (Murillo), los estudios antropológicos del personalismo dialógico deben a Ebner los análisis de la palabra, el amor, la intersubjetividad y el encuentro aunque realizados de forma fragmentaria y sin embargo continúan por el cauce, abierto ya desde Buber, en franca distinción con respecto a los esquemas reduccionistas del “sujeto – objeto”, del “yo – ello” por el “yo – tú” en relación dialógica (López).

Es importante comprender que esta relación sujeto – objeto no significa en ningún momento un reduccionismo a la persona sino la visión o el lente a través del cual se quiere comprender al sujeto de una manera “objetiva” (comprendiendo por esto como una separación de la realidad para comprenderla sin inmiscuirse en ella); por lo tanto se puede llegar a cosificar, objetivizar y en esto pierde la esencia del significado del otro como persona y como valor en sí mismo.

Ebner, al igual que Feuerbach y Kierkegaard, quiere superar el idealismo e introducir en la filosofía este principio “yo- tú” no como realidades independientes sino como realidades espirituales interdependientes; pero, a diferencia de Feuerbach no cree que este principio deba buscarse en el materialismo, sino justamente en la vida espiritual del hombre. (Arroyo). Y supera el abismo de Kierkegaard que entre Dios y el hombre, más bien propone una integración de la Palabra (Dios) como realidad espiritual donde habita el yo y el tú. Expresión de esa vida espiritual es el hecho del lenguaje, en el que Ebner descubre el carácter esencialmente dialógico del ser humano.

Este diálogo que tiene su recorrido desde Martín Buber quien menciona que “la esencia del hombre reside únicamente en la comunidad, en la unidad del hombre con el hombre, una unidad que empero no reposa sino en la diferencia entre el Yo y el Tú”. “La soledad es finitud y limitación; la comunidad es libertad e infinitud. El hombre para sí es el hombre, la unidad del Yo y el Tú, es Dios” (Buber). Nos demuestra que la relación implica comunidad y por lo tanto no es posible una objetividad frente al otro sino más bien una participación en y desde su realidad.

Este proceso solo puede conjugarse cuando la persona no está determinada como objeto sino como sujeto. Cuando no se experimenta en y con el sujeto sino cuando se presenta como relación. Una construcción de la relación con el otro que no nace de una experiencia sino de la comprensión racional de que el otro me construye, de que el otro me habita, de que el otro es un yo-tú igual a mí mismo. Donde me habito y donde habito al otro. Por eso no puede ser objeto cosificado sino “presencializado”.

Ebner menciona que solo se puede ver la verdad a través de la razón, por lo tanto debemos vernos nosotros mismos en apertura y para esto es necesario la razón “como órgano de la verdad” que es “el oído espiritual del hombre” un “campo abierto a la presencialización de los seres del entorno” (Ebner). ¿Esta razón en nosotros se revela en la conciencia de sí y de los otros? Si es así la conciencia es entrar en diálogo pues solo así en el “entre” de la relación – comunión de la palabra dialogante es como el ser humano puede mirarse a sí mismo como realidad abierta, dinámica y activa y a la vez mirar al otro. Así toma conciencia del otro como esta realidad operante, elocuente. Esta presencialidad como el hecho de apertura al otro. Pero no una apertura por necesidad o búsqueda de algún beneficio sino como un acto espiritual, una presencialidad en reverencia.

Este interesante proceso racional se fecunda en la palabra que para Ebner es un don del hombre porque habita en la palabra y por eso tiene la capacidad de apelar y ser apelado. ¿Será que en el silencio el ser humano puede comprender este don de la palabra? ¿Se convierte en un acto místico este proceso racional de encontrarse en apertura?

Cuando nos preguntamos sobre la soledad, el silencio, la necesidad de confrontarse a sí mismo para recuperar lo esencial de sí mismo, la palabra, la verdad, el amor que me sostiene y en el cual soy. Y por otro lado el sujeto que me interpela, que me llama a dar una respuesta en el amor. Por lo tanto el otro me cuestiona porque me interpela a un llamado que nace y brota en la Palabra y que se fecunda en la relación, que crea dialogo y comunidad, y que sin embargo el hombre no se descentra, no sale, no se encuentra, sigue viviendo en el proceso de cosificación de sí mismo y del otro. O en el caso más optimista, el ser humano no pasa sino de tener momentos de comunicación y diálogo y este se rompe en la medida en que habitamos en la realidad “cosificadora” y “cosificante” despersonalizante, que también nos habita o hemos permitido que nos habite.

Según Guardini “El hombre se encuentra esencialmente en diálogo” citado por (López) ¿por qué es consciente de este acontecer en sí mismo? Si Ebner procuraba la comprensión de que el ser habita en la palabra y esa palabra lo hace consciente de la necesidad de comunicarse, Guardini en cambio habla del desprendimiento que solo da el poseerse a sí mismo en la verdad. Por lo tanto en la relación se alcanza un nivel de profundidad espiritual en el lenguaje que no es sino la capacidad de entrar en diálogo. El problema que aparece aquí es entonces qué es vivir la verdad, para Guardini no es otra cosa que autoconocerse a sí mismo, autoposeerse, dice: “si alguien niega a la persona niega también la verdad”.

Hay una interesante posición hermeneútica que por un lado busca vincular al ser a la verdad pero al mismo tiempo no la poseemos o no vivimos en la verdad porque el sujeto no se auto posee a si mismo de manera consciente todo el tiempo, sería una tensión que rayaría en la perfección, por eso la persona humana al vivir en la verdad no necesariamente debe estar pendiente de sus actuaciones sino que naturalmente se habitúa a entrar en diálogo desde la verdad, lo que sería a mi modo de ver  como una “inocencia transparente” que lo vincula de manera fraternal al encuentro con el otro. Me recuerda estas palabras: Behold, I send you forth as sheep in the midst of wolves: be ye therefore wise as serpents, and harmless as doves. (Mt. 10, 16) ¿Qué significa entonces ser astutos si estamos en medio de lobos? La respuesta desde Guardini a mi interrogante se funden en estas palabras: “Para aquel de quien se ha apoderado el espíritu, (astucia que no se basa en la viveza frente al otro sino en este despertar), el otro se muestra abierto. (no depende del otro mi apertura, sino de mí mismo como un acto de auto posesión). En el estado profético, el interior y el exterior se resuelven en pura presencia, sin que por ello quede afectada la dignidad de la persona” (Guardini). Nadie puede obligar a otro a la apertura de sí mismo al diálogo, es una construcción personal de total libertad y autonomía. Así lo expresa López “Si compartes conmigo este ideal,  (de realización del ideal de la unidad), te abres a mí, me ofreces tus posibilidades creativas, enriqueces mi vida personal. Y yo te correspondo. Nunca conoceré el secreto último de tu persona, ni lo deseo, ni lo necesito, pero sabré que ambos estamos creando un campo de juego donde nuestras vidas se hacen transparentes…” (López)

 

Esta expresión de Cristo “yo os envío como ovejas en medio de lobos” no significa que los otros no tengan esa posibilidad de abrirse o de creativamente entrar en diálogo con el proyecto humanista de Cristo (por ponerle un nombre). Propone en quien escucha su mensaje, es decir en quien habita en la Palabra, o quien ha hecho esta apertura, el hecho que pueda posibilitarse incluso a “amar a sus enemigos” (Mt. 5, 43) “dar la otra mejilla” (Mt. 5, 39) “vestir al desnudo” (Mt. 25, 36) “perdonar a los que nos ofenden” (Mt. 6, 12) situaciones de un diálogo en otras dimensiones un diálogo que para Guardini es un “salir de sí mismo” un “desprendimiento total”. Por eso la expresión a la cual hago referencia de Cristo se convierte en un “mandato” a entrar en diálogo, a generar apertura. No es un enfrentamiento como se podría pensar a priori, es justamente este “entrar en diálogo” en el punto de vista personal con aquellos incluso que no han descubierto este aspecto importante del ser humano que es habitado por el espíritu, o que incluso sabiéndolo, en un acto “egoísta”, no se integran a este “ideal de la unidad” que también se manifiesta en la oración al Padre de Cristo “para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Jn. 17, 21).

 

Por otro lado habrá que comprender que el hombre en su intento de descifrarse  comprende que su existencia es un misterio. Un misterio que se expresa en que el pensar y el querer infinitos de Dios se expresan en mí ser finitos. Esto según Guardini genera una trayectoria un camino para salir de sí en un sentido más pleno de la existencia. Es como un vaciarse en ese infinito amor para llenarse de sentido por la humanidad que al “desbordar” da a conocer y entra en vinculación con los otros seres humanos, en una relación yo – tú que rompe convencionalismos de utilitarismo.

 

No nos queda sino el recogimiento, la ascesis, la reflexión profunda frente a nuestro ser finito y bajo, frente a lo insondable, maravilloso e inconmensurable que nos sostiene y nos vincula, este acto reflejo provocaría comprender el nivel de profundidad de la relación donde se instaura un estado de encuentro entre Dios y el Hombre que en la Revelación Cristiana recibe un nombre venturoso de: Paraíso (López). Que no nos deja sometidos a la bajeza de nuestro ser finito sino que nos trasciende y no es una trascendencia insólita o en soledad, sino compartida con otros seres que como yo – tú se reflejan y se levantan. Un acto de humanidad de encuentro – dialogo que sobrepasa la palabra para fundirse en Aquel que es la Palabra de quien hemos venido y a quien volvemos.

 

Conclusión

La persona no es un mero objeto. La persona es un yo – tú que acontece en el encuentro. Solo es posible este encuentro cuando se entra en diálogo desde la descentralización, desde la apertura, desde la palabra que apela y que cuestiona.

Cuando el hombre se encuentra con el hombre – persona entra en diálogo consigo mismo y con dios. Crear y generar comunidad no es solamente el acontecer de la cultura sin una causa, pues la causa para que exista es lo humano, llamada al encuentro. La causa es la persona misma que habla de Aquel que lo llamó a la vida y que construye en sí mismo una comunidad de hombres y mujeres libres en el amor y la responsabilidad de uno frente al otro.

 

Bibliografía

Arroyo, Luis Miguel. «La Antropología dialógica en la historia de la filosofía.» Thémata, Revista de la Filosofía, Núm. 39. (2007): 301 – 307 .

Buber, Martin. ¿Qué es el hombre? Madrid: Verissimo, 1979. pdf.

Ebner, Ferdinan. Das Wort ist der Weg. Viena: Herder, 1949. pdf.

Guardini, Romano. Mundo y persona: Ensayos para una teoría cristiana del hombre. Madrid: Encuentro, 2000. Pdf.

López, Alfonso. figuras del personalismo. Madrid: RIALP S.A, 2009. Biblioteca personal.

Murillo, Ildefonso. Filosofía cristiana en el pensamiento católico de los siglos XIX y XX/3. Colonia: Ediciones Encuentro, 1998. pdf.

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