Desde que Carl Jung nos invitó a tomar en cuenta al “El inconsciente colectivo que para él está dotado de propósito e intencionalidad, cuya fuerza energética reposa en elementos primordiales o arcaicos, llamados “arquetipos”. Esta región de la mente jamás puede enfermar, ya que contiene las experiencias y los mensajes primordiales de la humanidad” (Loire, 2012) hemos vislumbrado un camino para poder comprendernos y comprender también uno de los elementos esenciales que nos constituye. Esa memoria de la humanidad que nos habita. Lamentablemente estos acontecimientos no siempre han sido los más agradables, posiblemente porque nuestra manera de referirnos a ellos, son siempre desde las circunstancias de dolor, guerra, sometimiento, crueldad del cual ha tenido que aprender la humanidad  a lo largo de la historia.

 

Todo el sometimiento de los grandes Imperios Egipcio, Sumerio, Babilónico, Griego, Romano, Ontomano, Mongol, etc… Todo el devenir de la esclavitud, la pobreza y la riqueza de unos cuantos que someten a otros muchos desventurados, han sido parte de un proceso de reconocimiento de la fragilidad humana, y sin embargo también han estado presentes la gloria, el honor, la disciplina, la arquitectura, el arte, las grandes hazañas, la bella literatura. El ser humano no guarda solamente en su memoria los hechos y acontecimientos que le causan dolor y de los cuales debe aprender, guarda también aquellos elementos que lo hacen sentirse grande y lleno de esperanza frente a un futuro mejor.

 

En la actualidad hay tantos acontecimientos acumulados, tanta información recibida, que posiblemente los hechos ya no requieren la reflexión silenciosa para volverlos significativos o generar aprendizaje de ellos, simplemente pasan como una hoja al viento en especial cuando los noticieros, las redes sociales, nos bombardean literalmente con los hechos que suceden alrededor del mundo y se “memean” en las redes para de esta manera darle fuerza, no olvidarles fácilmente (cosa que no ocurre siempre, porque uno acontecimiento venidero rápidamente hace que se olvide el anterior) o calmar la conciencia que nos produce justamente esa inconciencia colectiva que no es sino el hecho de no poder hacer nada, esa impotencia frente a los hechos porque no podemos frenarlos aunque salgamos todos juntos vestidos de blanco a pedir más seguridad, no al aborto, o salvemos a los elefantes. Lastimosamente la historia se sigue escribiendo en cada acontecimiento y lo único que por el momento podemos hacer es enterarnos, leerlo, y pasar la página, porque somos “impotentes” frente a las fuerzas inauditas y graves que gobiernan nuestro mundo, matan nuestros mares, dañan el ambiente y fomentan el miedo y el terror.

 

Olvidamos fácilmente un acontecimiento doloroso por la impotencia que nos inspira, esa utopía fuerza que nos habitaba como especie va muriendo al constatar la realidad. Sin embargo no nos debilitamos frente al mal, podemos levantarnos desde aquello que construimos, desde la virtud de la generosidad y la donación de nuestras existencias frente a bien común y la garantía de la paz que inicia en nuestras propias vidas y va aumentando con la frecuencia de nuestros actos. El nuevo lenguaje del amor es ejemplaridad.

 

Recordamos porque olvidamos, tenemos historia que contar justamente porque somos narradores de nuestras propias vivencias y las ajenas. Hablamos en el lenguaje porque lo aprendimos, fuimos a él, fuimos aceptados en ese indispensable y no decidido momento en el cual nos acontece  una raza, una lengua o una nacionalidad, y las tenemos, o creemos ser idénticos a eso, como una identificación porque nos devenimos de ellos y a ellos vamos. En una hermosa película Hanna, que huye de su padre adoptivo quien le había enseñado a matar, como parte de un experimento en niños que iban a ser abortados, se encuentra con una mago, el cual le da un pasaporte y ella, en su inocencia, es decir en su olvido de ese requisito, dice: “yo no necesito saber quién soy” y el mago le dice, eso es verdad, pero los demás sí, ellos necesitan ver tu foto porque no se atreven a ver tus ojos.

 

Parece que estamos acostumbrados a que nos lean a través de certificados, o diplomas, a través de tareas y deberes, a través de acciones que hacemos o cosas que vivimos, o lo que decimos en una conferencia, ¿es tan difícil ver a los ojos de los hombres y mujeres? Sí porque cuando los vemos nos reconocemos en ellos y empezamos a vivir desde el otro. E. Levinas nos recuerda con una fortaleza increíble este acontecimiento que olvidamos por estar ensimismados que se queda encerrado en sí mismo, como “atrofiado” en nuestro ser y sin embargo hay un deseo, una sed increíble, fascinante de encontrar al otro, de enamorarnos, de dejarnos querer, de que alguien nos mire a los ojos y nos presente a nosotros mismos en el otro. Eso llamamos amor, pero a veces es solo una necesidad individual, es preciso que los ojos se miren y no se vean a sí mismos sino reflejados en el otro, en palabras de Levinas, verse siendo rehén del otro, donde no soy arrojado, como lo dice Heidegger en el Dasein, sino aceptado, amado, humanizado.   Este proceso de humanidad – persona, del tú y yo de Buber y Guardini, esta liberación de Dussel en la alteridad y la respuesta frente al otro, es un nuevo lenguaje olvidado, que debe ser recordado y acontecido en la temporalidad consciente de la existencia.

Amar vive en el olvido y es narrado en la propia existencia aunque duela y haya dolor, porque hay esperanza es que nos narramos en futuro. Porque somos alegría es que reímos, porque estamos vivos es que morimos. Porque hemos nacido es que estamos acontecidos en todas las posibilidades infinitas de la vida.

2 thoughts on “El olvido de amar

  1. Interesante!! una buena postura frente a la esencia del Ser Humano… felicito estas palabras.. Y añoro que nuestra esencia no se sienta olvidada por la búsqueda del “conocimiento”.

  2. Nos olvidamos de la importancia que tiene darle su lugar a lo positivo, no todo esta perdido, siempre habrá una esperanza, volver a darle lugar al amor, al amar, cambiaría mucho la perspectiva de la humanidad en razón a calamidades por que sabrá que todo pasa, que todo cambia, mientras haya esperanza y el valor del amar, la diferencia en el mundo se podrá notar.

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